lunes, 27 de agosto de 2018

Aforismos XLII


Las grandes urbes, entre más grandes y más desparramadas, más mala leche dan.

******

Los ciegos ven cosas que los tuertos sólo ven a medias

*******

No sé que es peor, si buscar el reconocimiento constante o el anonimato permanente. Uno por valorar demasiado la opinión ajena y el otro por despreciarla en la misma medida.

*******

Luchar hasta el último aliento es admirable, pero luchar hasta el último aliento sabiendo que vas a perder es lo que hacemos todos.

*******

A los cuarenta no empieces a decirte: ¡Si tuviera treinta!, porque sólo conseguirás llegar a los cincuenta con veinte años de retraso.

********

El sacerdote vino para librarle de sus pecados y él le dijo,
-¡Qué cruel es usted! Voy a hacer el viaje más importante de mi vida y quiere que vaya sin equipaje.

*********

Todos estamos listos para ser verdugos pero no todos podemos conseguirlo. Convirtiéndonos en víctimas. En esa dicotomía algunos intentamos no ser ni una cosa ni otra, convirtiéndonos en las verdaderas víctimas, pues las otras al fin y al cabo somos verdugos fracasados.

******
Ser listo o ser sabio. Sorprender a los demás o sorprenderse uno mismo.

*****

Uno tiende a pensar de muchas cosas que oye lo mismo que pensaba antes de oírlas. De demasiadas cosas.

********

El día que el hombre deje de creer que el mundo se ha hecho a su medida, será el momento de empezar a medirlo.

*******

La obediencia siempre se origina ante un acatamiento hacia un poder. Cuando el poder no proviene de la amistad o la maestría es un poder adulterado. Justo el poder que más se da. Como las malas hierbas.

*****

Primero fue el culo y después el ósculo. Y es lógico.

jueves, 16 de agosto de 2018

Escribimes y escribiretes III





El doctor, después de mirar el resultado de los análisis, le dijo,
-Le quedan dos horas de vida.
Después resultó que no, que fueron dos semanas. Ciento sesenta y ocho veces más.

                                                             ********

Pienso que puedo perder algo en el campo y pienso que puedo perder algo en la ciudad. Y pienso que no es lo mismo. Que en el campo lo perdería verdaderamente, mientras que en la ciudad, aún estando conmigo ya estaría perdido.
Este tipo de apreciaciones son como nubes que se diluyen.
Aunque, en general, sigue estando nublado.

                                                                    *******

Soltó un estornudo y de su boca salió disparado un gargajo. Se le quedó prendido junto a la rodilla izquierda. Se dijo que se lo quitaría justo cuando la gente comenzará a llegar de sus dormitorios. Entonces pensó que era posible que le diera un ataque cardiaco y que cuando bajaran lo encontraran allí, muerto y con el gargajo en la rodilla. Eso le preocupó. Así que fue y se limpió.
Eso es la posteridad.

                                                                  ********

-¿Me puede ofrecer un vaso de agua?
-¿Quiere un vaso de agua?
-No, gracias.
-De nada.
-Gracias.
-De nada.

                                                                  ********

El especialista nos gusta. Acota el campo de la competencia y despeja incertidumbres. Nos releva de la responsabilidad y además muestra a dónde podríamos haber llegado si la Naturaleza no nos hubiese sido esquiva.
Y por si fuera poco no amenaza con involucrarse en otros escenarios. Alguno de los cuales podría ser el nuestro.

jueves, 2 de agosto de 2018

Más o menos


Estaba sentado en un banco del parque, tomando el fresco. En otoño y en invierno suele  ser un lugar tranquilo. Los niños van al cole y hacen deberes. Las madres aprovechan para no ir al parque. Las madres suelen odiar los parques. A los hijos, no, pero a los parques no los pueden ni ver. Los aguantan porque son necesarios. Es como cuando un delincuente sale en libertad pero tiene que pasar por la comisaría cada semana.
En primavera la gente empieza a fluir. Huelen el verano y en verano el parque es un lugar odioso. Salvo cuando cae la noche.
Es entonces cuando él va a tomar el fresco. Le gusta pensar que es su parque, que se lo mantienen, que tiene invitados y que a la noche lo recupera.
Con su hija, cuando su hija era su hija, solía hacer esa broma. Pero con el mar.
-Papa, ¿Por qué no nos hacemos una piscina?
Entonces él le decía lo de ser propietario.
-Pero si tenemos una piscina fantástica. Nos la cuidan, la llenan de invitados y nos la mantiene el Ayuntamiento. No se puede pedir más. Es un chollo.
Ella lo miraba maravillosamente sorprendida. Era pequeña. Se creía cualquier cosa.
-¿Y dónde está?
Le decía el nombre de la playa.
-¡Qué tonto!
-No, en serio. ¿No puedes ir cuando quieres? ¿No es gratis? Es tuya.
-Y de los demás.
-Eso es lo que se creen ellos.
-Pues échalos.
-¿Tu echarías a la gente de tu piscina?
Pero ahora no es pequeña y lo peor es que él es viejo. Le gusta sentarse en el banco y ver pasar coches que recogen a sus conductores y a algún paseante que aunque no le dice nada, sabe que están en comunión.
Esta noche hay una señora mayor jugando con un perro.
Dos personas mayores y un perro.
Podían ser un matrimonio. Se estremece del horror.
Debe ser de Barcelona. Por cuestión de probabilidad. Los que son de fuera y vienen en verano se suelen quedar en algún apartamento de la playa. Sólo los de Barcelona tienen casas en el pueblo. Vienen durante todo el año.
La señora le resulta desconocida. Tiene cierto señorío y se mueve con serenidad. Debe haber sido guapa. Seguro que ha sido madre y ahora o es viuda o divorciada o sigue desgraciadamente casada.
Lo piensa mientras ve como le tira al perro una pelota que este recoge y le vuelve a llevar.
¿Qué se creerá que está haciendo?
Es joven y corre y se sacude a la vez. Da un golpe de cabeza y se le escapa la pelota que va a parar a sus pies.
La señora lo mira. El perro también. Está detenido.
¿Lo están invitando a jugar?
Se levanta con la pelota en la mano y se dirige hacia el banco en que está ella. Se sienta a su lado sin devolverle la pelota.
El perro no se ha movido.
-¿Por qué no me tira a mí la pelota?- le pregunta, a la vez que se la devuelve.
Ella no se ríe. Coge la pelota.
-Soy más interesante que ese perro. Hablo y puedo razonar dentro de unos límites. Claro, si me dice que es cuestión de edad, que es más joven que yo, le tengo que dar la razón. Él es mucho más joven que yo.
-No me voy a poner a gritar ni nada parecido. Ni voy a admitir que es usted original, ni gracioso. En realidad no me parece descabellado su ofrecimiento. Pero no se dan las circunstancias. Poca gente iba a entender.
-Desde luego, poca gente- admití.
-Sin embargo- continué- si entienden que un hombre robe a otro hombre o que un borracho atropelle a un viandante. Es un mundo raro.
-Raro no. Es nuestro mundo- dice ella.
-¿Es usted de Barcelona?
-No, no, eso no. Acaba usted de rebajar el nivel de la conversación a ritmo de montaña rusa. Me mareo. Con lo alto que estábamos. Tirarle la pelota para que me la devolviera. Eso nunca ningún hombre me lo había dicho.
-¿Ni siquiera en la intimidad de una habitación?
-Ni siquiera en la consulta.
La miro inquisitivo.
-Soy psiquiatra y sí, soy de Barcelona y he entendido perfectamente lo que me ha querido decir.
Lanzó la pelota y el perro que hasta ese momento había estado expectante salto como si de un resorte se tratara.
-Mañana estaré otra vez aquí. Si trae la pelota pero no el perro, quizás lo podamos intentar.
El perro se quedó a su lado, como si fuese su marido, con la pelota en la boca.
-Claro.
-Claro.