martes, 23 de febrero de 2016

Aforismos XXI


 

Si la existencia del ser humano fuese una partitura musical, la armonía sería un imposible categórico.

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Estaba tan seguro de sí mismo que solía decir que si alguien le engañaba es porque  estaba diciendo la verdad.

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De todas las clases de artistas, la que menos respeto siente por el público es la de los políticos.

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¿A cuántos le ha caído una manzana en la cabeza y no han sido capaces de descubrir nada? Esa es la genialidad de Newton.

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La vida es una partitura en la que llamamos felicidad a esos momentos en los que acertamos con el tempo, el compás y la dinámica.  ¡Es tan importante la dinámica!

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El dolor es la frontera entre lo soportable y lo insoportable. Por eso a veces nos aferramos a él sin darnos permiso.

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No me sorprende que alguien se muera y se descubra que llevaba otra vida que ninguno de sus allegados conocía. Me sorprende que haya tanta gente que se muere sin haber llevado otra vida.

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El arte poderoso y para siempre inextinguible es aquel que en su momento crea su propio público.

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Cuando tratándose del periodo dictatorial de Franco, nos fijamos principalmente en él, es como si delante de un espejo prestásemos más atención a las características de éste que a lo que refleja.

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La risa cuando dispone de banda sonora se convierte en sonrisa.

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El matrimonio para la Iglesia es sagrado, pero para la infidelidad es imprescindible.

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La Muerte no tiene nada que hacer………….. Cuando dice tenernos en sus garras, ya no estamos.

martes, 2 de febrero de 2016

Aforismos XX






A veces nos agarramos al dolor como a un clavo ardiendo. Y completamos la escena maldiciéndolo. Típico del desagradecimiento humano.

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La esperanza se pasa el tiempo entrando y saliendo del tocador. Necesita un repaso de ingenuidad y un poco del fijador llamado ilusión a cada momento.

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Palacios y barracas. Joyas y abalorios. Servicios y letrinas. Mierda y mierda.


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Somos ovejas……pero, ¿Podríamos llegar a ser focas?


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(Leyendo a Gao Xingijan)
Te empeñas en deshacer nudos en la vida sin darte cuenta de que forman parte de la malla que te sostiene.  


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Perdonar da tranquilidad pero disminuye el espacio. Le pasa a los barcos que van cerrando escotillas que se van inundando. Para mantenerse a flote.

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Así como los estómagos llenos se ponen a filosofar, los estados legales se ponen a moralizar.


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Pasión y compasión se reparten las estaciones que van del amor al cariño.


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La risa al revestirse de tiempo y reflexión hace el mismo camino que la pasión, con resultados opuestos, una llega a sonrisa y la otra a compasión.


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¿Tener hijos es la sibilina venganza que nos podemos permitir frente a nuestros padres y que confirmamos al ver lo bien que se llevan abuelos y nietos? Lo que te perdiste papá.


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Lo que pensarán Allá. Cuando llegan nuestros muertos, y algunos cuentan cómo perdieron la vida.


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Si el hombre va a empezar a preocuparse por los derechos de los seres vivos que se le parecen,  besugos y alcornoques están de suerte.


lunes, 11 de enero de 2016

Aforismos XIX



Cuando la soledad te abrume, piensa en la bruma de la compañía.

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Mientras vayas comiendo y cagando, no te preocupes demasiado, pues mal que bien todo  va funcionando.

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Los himnos y las banderas son las pajas en el corazón ajeno que curiosamente como vigas soporta el nuestro.

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Si un hombre tiene millones de espermatozoides y una mujer unos cientos de óvulos, el que haya una cantidad parecida de hombres y mujeres, muestra a las claras en quien está depositada la confianza de nuestra supervivencia.

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Mientras que el votante rural es conservador y el urbano es progresista, resulta que en el campo los perros llevan una vida precaria y en la ciudad los sacan a pasear para que hagan pis y caca.

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¿Por qué al desobedecer y volverse a mirar para atrás la mujer de Lot quedó convertida en estatua de sal y no de barro?
Sal, de lo más valioso en aquella época.

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La ventaja de la soledad sobre la compañía es que la primera no sufre cambios de ánimo.

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Los productos que ofrecen los manteros, ¿No son acaso la respuesta, en justa reciprocidad, de aquella quincalla, baratijas y espejuelos que los descubridores llevaban en sus viajes para ofrecer a sus antepasados?

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A diferencia del hombre, el resto de los seres vivos se mueren cuando se mueren. Ni antes ni después.

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¿Se puede hacer un chiste? Entonces es humano.

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Los pulpos no son grandes pensadores, básicamente, porque les da mucha pereza, sentarse y empezar a pelarse con ellos mismos para ver de colocar cuatro brazos cruzados y los otros dos uno encabalgado sobre el otro. ¿Qué es brazo o qué es pierna? Mejor no pensar.

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Algunos preferimos elevarnos sobre ruinas porque hacerlo sobre nada implicaría la presencia de Dios.

sábado, 19 de diciembre de 2015

Como poner botellas de agua


Ella salía todas las mañanas a las seis. Invierno o verano. Primavera u otoño. A barrer el trozo de acera que correspondía a su casa. Después ponía botellas de agua de litro y medio adosadas a las paredes de las fachadas. Estratégicamente colocadas.
De todas las casas que se podían ver por el pueblo era la única que tenía botellas de agua. Bueno, había alguna más, pero tenía una o dos botellas como mucho.
Aquella casa tenía siete botellas de agua de medio litro a lo largo de  las fachadas que hacían esquina. Cuatro en un lado y tres en el otro, donde estaba la puerta de entrada.
Para que no mearan los perros.
Y los perros no meaban.
Son de esas cosas que un día descubre uno, no se sabe cómo, y después mucha gente copia. Sin más. Como si algún perro lo hubiese ido contando por ahí.
Todos los perros conocían aquella casa.
Al pasar frente a ella se interrumpía el particular dialogo que mantienen estos animales con las meadas.
Es como si los obligaran a callar.
Los perros huelen, ladran y mean.
Es más a más. Tienen los cincos sentidos y entablan comunicación de formas complementarias de las que nosotros no disponemos.
Por eso hablamos.
Al hablar, los otros mecanismos de comunicación se han ido atrofiando.
Yo hablo poco.
Por eso, creo, me molestaba tanta botella. Y aquella manía de limpiar la acera por donde pasaba un montón de gente.
Gente hablando, diciendo cosas.
Por eso, quizás, no caían en que era una zona donde no se meaba.
Para mí una zona doblemente silenciosa. Así la veía yo.
Estoy seguro que para los perros era un lugar señalado del pueblo. Se perdía toda espontaneidad. Era un lugar exigente.
Como cuando vas a un museo, que no puedes gritar o hablar en voz alta, o a una fiesta de gala, que tienes que ir de etiqueta.
Aquello era terreno conquistado.
Por eso cuando se murió a mí me fue imposible trasladar a su marido mis condolencias.
Me quedé a la expectativa.
Hasta que vi como las botellas iban desapareciendo. Unas, las tiraba el viento y se iban rodando. Otras, sucumbían a las patadas de los niños.
Además el viento traía hojas, restos de plástico y papel que se quedaban, o no, un tiempo en aquel trozo de acera.
Un día vi a un perro que se detenía sorprendido, olisqueaba y echaba una meada. Después lo hicieron otros perros.
Era una tierra libre.
Entonces fue cuando al ver a su marido le di el pésame.
Me miró sorprendido.
No sé por qué.
Al fin y al cabo era como poner botellas de agua.

viernes, 11 de diciembre de 2015

Una confidencia




Creo que he perdido a mi único amigo, el último que me quedaba, por culpa de una confidencia.
Somos amigos desde hace más de treinta años.
No sé qué es lo que valora de mí,  pues a veces he notado un franco rechazo hacia algunas de mis actitudes. Yo, de él, valoro algunas cosas muy concretas. Su generosidad, su independencia y capacidad para abrirse camino en la vida. Su honestidad. Y cosas así.
No sé por qué lo hice, lo de la confidencia, ni por qué esperé hasta ese momento. Sólo supe que tenía que hacerlo. Que se lo debía. Para poner en valor una amistad tan larga.
Se lo dije,
-Sabes una cosa, me hago píldoras. Lo he hecho siempre, no puedo parar. Parece que tengo una fábrica de píldoras en la nariz.
Y le hice una demostración.
Me metí el dedo en la nariz, hice un repaso y con la uña extraje un hermoso moco reseco. Lo amasé con la punta del dedo índice y del pulgar. Le fui dando forma y cuando estaba redondeado y convertido en píldora me lo coloque en la uña del dedo medio, la coloque bajo el pulgar e hice palanca. Salió proyectado como una bala de cañón.
Ni rastro de ella.
¿Dónde habrá ido a parar?
Ni idea. Nunca me ha pasado que haya lanzado una y después me la encuentre por ahí. Son muy orgullosas y una vez que han sufrido el rechazo y tal gesto de desprecio ninguna ha sido capaz de humillarse y hacerse la encontradiza conmigo.
Mi amigo no me dijo nada. Se quedó simplemente mirándome.
Me vi obligado a explicarle,
- No siempre sale tan bien. A veces no se ha moldeado bastante y al dispararla se niega a proyectarse y se queda ahí, pegada en la uña. Debes amasarla un poco más. Eso me pasa generalmente cuando ando con prisas. Las prisas no son buenas para nada.
Después seguimos hablando de lo de siempre. Al cabo de dos horas se fue y no he vuelto a saber nada de él.
Sabía que podía pasar. Hay cosas que no se pueden ir diciendo por ahí como si tal cosa. Ni aunque sea el mejor amigo que tengas. O que sea tu esposa. Son cuestiones que tal vez no tenías ni que saberlas tú.
Y mira que es un asunto intrascendente. Me hago píldoras, ¿Y qué? Bien mirado, el habérselo dicho es una ofrenda. Una ofrenda que le hago por nuestros años de amistad y complicidad en tantas cosas.
Aunque la verdad es que por encima del temor de haber perdido a mi último amigo he de admitir que hay otro temor.
A pesar de que me cueste admitirlo.
Porque ese temor me convertiría en un mal amigo, en un desagradecido, incapaz de responder a su generosidad, algo en lo que nunca he estado a la altura necesaria.
Y es que no sé si he perdido a mi amigo o uno de estos días llamará a la puerta como si tal cosa, para tomar un café y contarme en justa reciprocidad algo de él que esté en consonancia con mi confidencia.
Quiero estar preparado para ese momento, pero casi preferiría haberlo perdido como amigo.